"Hay escritores que pueden planear de antemano sus
historias como una ruta de tren y no salirse de esas vías...
Yo no puedo ser así. Miro mucho el mapa, buscando el camino
mejor, lo subrayo con tinta roja, pero a la primera encrucijada,
mis personajes se me van de las manos. «¡Volved aquí!
—les grito—, os estáis saliendo del camino.»
«Es que nos gusta más éste» —replican—.
«Pero no sois más que gente de un libro, y el libro
es mío.» Pocas veces me hacen caso, y acabo siguiéndolos.
Si no soy yo el primero en ceder, no nos hacemos amigos, cosa
fatal para un libro."